deviene en una crónica larga y sociológica, donde su pluma recae en los mismos horrores de siempre, que ni ciertos gags de sus personajes, ni su descenso a detallar lo marginal, ocultan.
Peladita Ampuero nos cojudea con: 1.- Lugares comunes que bien puede servir a un sociólogo como Tanaka (“Vivían en las escarpadas lomas de un cerro, en uno de los tantos barrios del Cono Norte, con pocas pistas asfaltadas y nubes de polvo”) p11. (“en el Metro de Los Olivos”) pp 67. 2.- Descripciones que no van mas allá del simple bosquejo (“Raimundo era un tipo avispado, pero simpático y lleno de quimbas”. p 13. 3.- Frases hechas, de inexperto escritor, que nada aportan a la trama (“ganado por la vanidad”) p 14. (“fruncir el ceño”) p14. (“regular dinero”)p 26. (“golpeada por la adversidad”) (“penurias económicas”) p 29. 4.- Clichés de personajes desocupados que ya fueron (“compraba a lo sumo El Comercio de los domingos y veía noticieros”) p 54. 5.- Frases de locutorucho de radio o tv (“Una multitudinaria marcha del Sutep, en airado reclamo en contra de la evaluación d e los maestros, obstruía las calles”) p 84 que advierte su carencia de talento. Ni siquiera la historia se pone en primera y, más bien, se retrasa. El taxista carece de gasolina o le vendieron agua destilada. La esposa del taxista Alberto, una policía de tránsito, que viene a imponer la ley y ser el contraste, provoca la indiferencia. El narrador fracasa al pretender jugar con el estereotipo ( le encanta esto a Ampuero, por cierto ) del parroquiano cuya fantasía sexual es hacerlo con una policía tránsito. Solo al final de la novela, de este guión largo, la mujer adquiere cierto protagonismo, tras ser atropellada por un taxista loco y ebrio (titular de Trome y de los reporteros policiales) y evidenciar su ironía sobre su verdugo. Después, todo deviene en un intento de Ampuero por estirarse mas de lo que ofrece, por ser mas criollo que nunca, mas de “barrio” con sus personajes, mas primicia chocherita. (¿Están mamados, chiquillos? -rió Raimundo, expandiendo una mirada plena de sarcasmo”) p 120. Allí no más queda, el jefe de investigación de El Comercio. El tipo que sale bien pancho en las páginas sociales, el cuero maduro de las señoronas y maduritas. El caserito de los blogs literarios, no necesariamente por que lo que escribe, sea la ultima Coca Cola del desierto. El caramelo negro de una puta fea. Esta novela vuelve a ser otras de las que se lee y olvida rápido. Tan light como su autor, que afronta, estos asuntos literarios como si las huevas. Habrá que tomarlo así cuando vuelva a publicar un libro. |