Suecia, país escandinavo, recuerda el premio Nobel, los inolvidables Abba, pero también a un tal Stieg Larsson, periodista y escritor que ahora, pese a estar bajo tierra, es un ilustre conocido, tras las ventas de su trilogía novelistíca “Milenium”.
“Los hombres que no amaban a las mujeres”, “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina “ y “La reina en el palacio de las corrientes de aire”, conforman dicho tridente que ha agotado varias ediciones que, son chancay de a medio, frente a la pálida Stephen Meyer y su trilogía de vampiros .
Pero, ¿qué hay de rescatable en este colega sueco, tras el elogio de Mario Vargas Llosa y Jaime Bayly?
Una prosa simple y fluida que incluye un buen manejo del suspenso a lo Conan Doyle y Agatha Christie. Un aceptable bet seller policial hecho por un escritor muy hábil en usar la internet, la anorexia, la bisexualidad, los serial killers como armazón de sus personajes y conflictos.
Uno de ellos, Lisbeth Salander, de su primera trilogía “Los hombres” representa la síntesis de este mundo informatizado y perverso. Flaquísima (la anorexia es una enfermedad de estos tiempos), tatuada (¿qué chica de esta época no tiene un tajo en alguna parte de su cuerpo?), hacker (hoy el espionaje por internet está de moda), y, para terminar, bisexual (signo de estos tiempos de Abencias, Bracamontes, Fox, Jolies).
Otro, el héroe de la novela, Mikael Blomkvist, periodista de investigación de una modesta revista, simboliza ese especímen idealista y justiciero que, tras ser encarcelado por difamar y confiar en su fuente, es contratado como detective por Henrik Vanger, un empresario, interesado en pescar al asesino de su nieta Harriet.
A ellos, y para hacer presentable la trama, Larsson, le agrega el sutil tema del incesto, mediante un personaje perturbado (Martín Vargen) y asesino de mujeres, que llegará a someter a Mikael Blomkvist, pero no contará con la aparición de Lisbeth, que salvará al periodista de las garras del asesino. |
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Como se deduce, una novela de suspenso que tiene de todo y cuya primera trilogía llamada “Los hombres que no amaban a las mujeres”, se inicia con la
aparición de unas rosas, en el domicilio del magnate Henrik Vanger, que aluden a su nieta, desaparecida años atrás. Incidente que se enlaza con la sentencia del periodista Mikael Blomkvist, por difamar a un empresario corrupto llamado Wennestrom.
Es entonces, que aparecerá en escena el magnate Vanger que mandará espiar con la ayuda de Lisbeth Salander a Blomkvist y, luego, le ofrecerá a éste, un fajo de billetes, para que resuelva el enigma de las flores y el paradero de Harriet Vanger, nieta del empresario.
Con la sapiencia de sus cincuenta años, Larsson echará a flote muchos recursos interesantes bajo la pareja de personajes Salander - Blomkvist, con el objeto de desentrañar el misterio del asesinato de Harriet.
El final de esta primera trilogía resulta sorpresivo y abierto, que obliga a devorar las siguientes novelas, para saber si acaso Lisbeth se casará, si Milenium seguirá destapando casos, o si Blomkvist sentará cabeza con su colega Erika. Nunca antes las fronteras estuvieron tan abiertas tanto que, lo sucedido en la novela, no dista mucho de nuestra realidad peruana y la de muchos países desarrollados y subdesarrollados.
La difamación del periodista Blomkvist y la proliferación de hackers, en la novela, recuerda a los Petroaudios y, más atrás, del chupones fuji-montesinista. También, la novela hace hincapié de cómo se utiliza la informática; sea para pescar escorias, sicarios, pedófilos o vivir digitado y ser proclive a quedar manco, por resistirse a mantener el celular Nokia del ataque de una escoria.
Dicen que el sueco dejó, antes de morir de ataque al corazón, dos libros sin publicar y escondidos entre sus recuerdos, pero creemos que con la trilogía, basta y sobra. Raras veces, lo póstumo superó a lo editado. Al menos con los tres tomos, hay Larsson para rato y su corazón seguirá latiendo en sus lectores. ¿Se anima a ser uno de los cientos que tiene, pese a los 109 soles (35 dólares) que cuesta? |
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