“te mandan a una prisión, supuestamente con el objeto de resocializarte dentro de ella. Pero te mandan para tratarte como un pedazo de basura, no como un ser humano”
El precio de ser Magaly Medina. Ed Planeta. p 70.
No hay nada que hacer que las desgracias venden y, si es de un personaje público como la periodista de televisión, Magaly Medina, mejor. El testimonio de sus días en prisión por haber difamado, en un controvertido fallo, al futbolista Paolo Guerrero, ha agotado dos ediciones, pese a las copias, tiene todo lo que uno ha visto en reportajes sobre el penal de Santa Mónica, pero con la óptica de Medina, a veces solidaria y en otras enérgica.
Desde el inicio de este libro, la ex periodista de Oiga, no deja de ser soberbia (“Es bien difícil que algo me haga bajar la cabeza (…) me quedo con la cabeza bien en alto, y en eso baso mi seguridad” p 8), confiada en su abogado (“Nakazaki se había confiado y así lo reconoció después (…) abandonó este caso porque pensó que sería un casito mas” (p12). Abandonada por sus jefes que dicen le defendían (“miraba a Maricarmen Palacios, la abogada del canal (…) estaba ahí para escuchar la si había o no sentencia para el canal (…) ellos si lograron salvarse porque los declararon no implicados” (p 9). y, recibiendo de su propio chocolate (“el policía que estaba atrás mío (…) increíblemente me había grabado con su celular. Estas imágenes salieron en los medios. Creo que este policía le dio la grabación a un programa de televisión” (p 17).
De allí, tras dictar la sentencia y salir enmarrocada a prisión, que consideramos injusta, Medina, no tarda en darle con palo a sus colegas (“los periódicos de cincuenta céntimos vendieron mucho conmigo en prisión (…) hasta El Comercio lo hizo (…) el periodismo que practicó ese diario conmigo fue el más detestable que haya visto en mi vida” (p 11). Y, empezar a develar lo oscuro de las prisiones y de cómo un preso es tratado peor que un animal (“me encerraron en una celda común (…) tuve que hacer la pila en ese baño que no tenía puerta” (p.24) (“Vi que traían unas cadenas, (…) unas cadenas para los pies. Comandante ¿me van a poner eso en los pies? Bueno por ley deberíamos ponerle. (p.28)
Solidaridad canera
La prensa que la ama y odia dijo que Medina estaba a salvo en prevención, ella desmitifica ese trascendido. (“La prevención es como una celda grande con un baño y dos cuartos espaciosos (…) a uno de los cuartos lo llamaban San Jorge y al otro Luriganchito (p.32). (“Traté de dormir, pero no lo hice porque unos gatos habían entrado a Prevención” (.p33). Mas adelante, refiere su angustia por su anorexia y el asco por la comida (“las cocineras eran muy malas y algunas comidas las hacían horribles” (p.43). (“desde el primer día, me entró una fijación con mi peso (…) regalaba mucho la comida” (p.44). Sus enemigos se preguntaban la fórmula para curarse de la anorexia en poco tiempo.
Asimismo, detalla sus problemas mingitorios (“cuando tenía que ir al baño, mi gran problema era ¿cómo me voy a sentar ahora? (…) Yo no puedo estar sentada con una cola de gente que me está esperando” (p.58) y la necesidad de ser amiga de algunas presas, para no electrocutarse y de paso pagar, a estas, para que limpien los baños u otras labores, que con dos soles, evitaba.
Lo que continúa en este vía crisis de la urraca, en el precio de ser un personaje popular, son sus discursetes sobre el sistema carcelario (“Te mandan a una prisión, supuestamente, con el objetivo de resocializarte dentro de ella. Pero te mandan para tratarte como un pedazo de basura, no como un ser humano” (p.70). (“hablar del problema judicial del Perú es preocupante (…) la gente acá dice siempre que el pobre, el que no tiene nada, va a parar en la cárcel” (p.118). Su testimonio de un chito llamado Brad Pitt que (“compartía su cama con otra rea” (p.76). La amistad con otra presidiaria que mató a su hijo y la sesentona Mamá Fé que hará su agosto con el cliente Medina. También, la Mamá Roda que comercializaba veneno o ketes por necesidad, las españolas que eran insoportables y jergueras, y el dolor porque su familia la visitase en la cárcel (“yo no quería exhibir a mi familia. De hecho a mis padres les encanta su anonimato y mi hermana también lo valora” (P.126). (“me destrozo saber que mi pobre padre se puso muy sensible” (p.133). Y, para cerrar, su punto de vista sobre el ampay a Guerrero, semilla de este libro carcelario (“lo que trataron de hacer los medios es justificarse, justificar mi cárcel, hallarle huecos a ese reportaje que yo reconozco (…) no estaba bien narrado o bien hecho” (P.134).
¿Acaso en ese ultimo párrafo, está admitiendo alguna fisura en el ampay al futbolista Paolo Guerrero?
“Yo tengo que creer en mi equipo de investigación. Tengo que creer en mis reporteros, como deberían hacer todos los directores de medios. Y si vamos a meter presos a todos los directores de medios, por lo que hace su equipo de investigación, estamos atentando contra la libertad de prensa (P.135).
Afirmación interesante. No obstante, tras el falso ampay a Angie Jibaja, Magaly habló de hacer una reingeniería en sus chacales, lo que implicó, la salida de un par de ellos. ¿No era que moría con su gente en las buenas y malas? Errar es humano, perdonar, no lo sé.
De todos modos, hay algo que debe preocupar a los colegas de prensa y por el que concordamos con Medina cuando escribe que “a cualquier periodista, director de medio o investigador podían ponerlo tras las rejas” (p.135). Y vaya que el vaticinio o efecto Medina Guerrero ha sucedido, pero con otros colegas, cuyos acusadores, han desempolvado los artículos 130, 131, 133 y 134 del Código Penal que admite pena privativa d e libertad .
En Enero de este mes, el bolerista y pastor de una iglesia Evangélica, Iván Cruz publicó una carta al diario El Trome , pidiendo rectifique una información que dicho diario publicó y donde se agraviaba su persona. Recientemente, Giuliana Llamoja, una joven excarcelada tras haber sido acusada de asesinar a su madre, envió sendas cartas de rectificación a El Comercio, El Trome y una periodista que escribió sobre dicho caso, llamada Rosa María Sifuentes, solicitando se rectifiquen de haberla llamado asesina, caso contrario iniciaría acciones legales, a estas personas o medios por difamación.
Por lo que quiéranlo o no la prensa de cincuenta céntimos deberá poner las barbas en remojo, si intenta inventar declaraciones hechos u opciones de personajes de la farándula u otras áreas. Si, Magaly Medina, tienes mucha razón. Sin pruebas vas a la cárcel.
Cartas de esperanza
Paralelo a la historia principal, la periodista intercala unas cartas que se enviaba con su productor Ney Guerrero, preso en el penal de San Jorge. Apuntes para aprender de la jerga canera, decirle a los hinchas del programa que pronto volvería al canal 9 y que estaba leyendo un libro del escritor gay Lemebel y el extraordinario colega colombiano Efraím Medina Reyes.
Mención aparte merece la dura crítica contra los evangelistas. “muchas Iglesias cristianas han encontrado un terreno fértil en las prisiones” (…) su entrada es agresiva y tú no tienes salida (…) a mi me bautizaron católica (…) no vengas acá y quieras que lea la Biblia contigo, ni que me de por escucharte. (…) Yo aun enjaulada tengo mis alas completas”. (p172).
Y el colofón final de este libro testimonio con su cinematográfica excarcelación, el 31 de diciembre y sus ultimas palabras, antes de reaparecer un lunes en su programa de las nueve y, decir que no se sentía bien de salud (“en año nuevo morí poco otra vez, y revivir me ha costado todo este tiempo” (p 194).
Pese a algunos defectos, este libro puede ser para muchos intrascendente. Algunos y algunas dirán, que Medina se lo buscó o ya no tiene credibilidad como dice el autor César Ritter, pero que ha posibilitado que, ahora, muchos difamados persigan periodistas y hasta los encarcelen, en desmedro de una libertad de prensa que empieza a ser condicionada. Este antecedente es peligroso, muy peligroso.
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