Aunque muchos no están al tanto de lo que sucede en Irán, la mayoría ya debe saber de las últimas arremetidas contra la población iraní, por salir a las calles a protestar contra un régimen que insiste en suprimir los débiles canales democráticos que aun subsisten en ese país.
El miércoles pasado se produjeron los segundos más graves enfrentamientos en Teherán y las fuerzas de seguridad arremetieron contra la población. El régimen contesta con represión de la más dura; al parecer Irán ha asumido la estrategia de amenazar y golpear con el único objetivo de silenciar las protestas y la libre expresión ante unas elecciones que son consideradas fraudulentas.
Generalmente, cuando se opta por la represión se alude a una amenaza supuesta y que por lo tanto el restablecimiento del orden y la seguridad es un deber del gobierno, como lo hace el de Mahmoud Ahmadinejad. Sin embargo, lo que se quiere evitar es que se descubra el resquebrajamiento del sistema imperante y el enfrentamiento de dos claros bandos que se disputan el poder, ahora en las calles: el oficialismo y la oposición.
Nos encontramos ante una oposición no solo altamente organizada sino con muchos seguidores. Es fácil verlo en las cifras:
- Mahmoud Ahmadinejad 62.6%
- Mir Hossein Mousavi 33.8%
- Mohsen Rezai 1.7%
- Medí Karroubi 0.9%
Ambos bandos se amenazan mutuamente y manifiestan que no se van a rendir ante las presiones. La oposición sigue en su decisión de mantener la denuncia de fraude en los últimos comicios en donde Ahmadinejad se hizo con la reelección.
Aunque Ahmadinejad ha sabido ganarse la lealtad de las zonas rurales un amplio sector de la población juvenil se mantiene opuesto al régimen acusándolo de haber dado un golpe de estado en las últimas elecciones generales.
Irán para muchos analistas se encuentra en una segunda revolución. Quizás este sea el comienzo de su giro conservador y la recuperación del poder por los moderados. Aunque decir esto, como siempre, puede resultar exagerado, en política como en fútbol, nada lo es.
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